Realizar una buena lectura energética de un lugar, necesariamente lleva implícito los consejos que se derivan de ella, especialmente relacionados con la salud de los habitantes de aquel lugar. Por tanto, puede decirse que esas lecturas son, o pueden ser, una práctica médica. Cuando empleo el término ‘medicina del hábitat’, siempre me doy cuenta de que en realidad es un acto deliberado de apertura y de sinapsis entre múltiples visiones y disciplinas. Después de más de doce años de realizar lecturas energéticas de casas y de asesorar a mucha gente respecto a la armonía de su espacio vital privado o laboral, constato a menudo que conseguir que un lugar cualquiera acoja, mantenga y además 'genere' energía saludable, pacífica, expansiva y bella, es realmente todo un reto, y ya no desde la estética sino desde el punto de vista de la medicina.
Pero primero deberíamos redefinir este concepto; hoy la ‘medicina’ una gran mayoría de gente ya no la podemos ver de una forma parcial, fragmentada o incompleta, debido a la exquisita complejidad de un ser humano. Tal vez la medicina que el hombre necesita deberíamos definirla como un compendio integral de múltiples visiones simultáneas, enfocadas todas a la evolución anímica y la plenitud del Ser Vivo. No existen muchas Medicinas, ni alternativa, ni oficial, ni dogmática, ni tradicional, ni complementaria. Medicina tan solo hay una: la que cura al ser vivo y lo ayuda a desarrollarse en plenitud.
Esta nueva visión a la que me refería, yo acabo definiéndola como ‘Medicina Integrada’, una visión que contempla al hombre (y a todo ser vivo) simultáneamente en sus aspectos orgánico, energético, psicoemocional, anímico, espiritual y relacional. Precisamente en ese último término, el relacional, está nuestro ‘entorno’; y no se trata tan solo de nuestra relación con los demás, que… también, sino del espacio, medio o hábitat que nos rodea y nos acoge. Dicho de otro modo: cualquier cosa, sustancia, objeto, forma, color, o ente que interacciona con nuestro campo energético, nos influencia a ‘todos los niveles’. Ese es el objeto de exploración de este libro.
Actualmente, después del planteamiento de la mecánica cuántica, y de las teorías de los biofotones y de los campos mórficos o estructurales, ya resulta completamente absurdo (y también obsoleto) pensar solamente en términos estéticos, como si la estética que nos rodea constantemente no emitiera energía, o fuera una cosa estática; la estética no es estática sino que es completamente vibrante. Por tanto, este ‘entorno’ en el que vivimos, nuestros hogares y lugares de trabajo, nos puede beneficiar, o nos puede alterar.
Lo interesante es que esta visión del entorno como ‘principio activo’, desde el punto de vista de la salud plena, va mucho más allá del Feng Shui y de la Geobiología. Las ondas de forma y el cromatismo de cada objeto, también están constantemente interactuando con nuestro campo de energía; así como la iluminación natural y artificial bajo la que vivimos influye mucho sobre todo nuestro ser. Todo el arte, artesanía, decoración, arquitectura y paisajismo, también intercede y modifica nuestro campo energético, desde luego. Y también existen fuerzas psicoemocionales, a veces ajenas… pero también ‘propias’, es decir, emociones, creencias e ideas emitidas por nosotros mismos y que también irradian campos de energía que están ‘llenando’ un espacio, que están generando ciertas ondas que se acoplan con las de nuestro ser, y con la de otros seres.
Todas esas radiaciones psíquicas, formales, cromáticas, lumínicas, telúricas, naturales y artificiales, conviven simultáneamente y crean una ‘formula energética’ específica en nuestra vivienda; o en nuestro despacho; o en nuestra tienda; o en nuestro territorio; o en nuestro dormitorio... Y esta fórmula energética puede ser ‘tóxica’ (invasora, parasitaria…) o benéfica (pura, armónica, expansiva…). Por tanto, merece ser explorada, observada, analizada, estudiada, contemplada y pormenorizada. No podemos seguir pensando que la estética circundante nada tiene que ver con la energía y la salud. Incluso a menudo la fórmula energética de nuestra vivienda puede o debe ser corregida, neutralizada, substituida, transformada. Pero también la propia energía armónica natural de un lugar, puede ser potenciada, amplificada, sutilizada, sublimada. Todos esos parámetros son con los que trabajamos los asesores del hábitat, una nueva profesión no siempre bien conocida ni bien comprendida su utilidad en el terreno de la salud.
Precisamente todo ese análisis completo, esas lecturas de un lugar, que a veces acaban siendo una observación exhaustiva, un diagnóstico y una corrección, es lo que denominamos como Medicina del Hábitat, aunque a mí me gusta más decir que simplemente hago 'lecturas del entorno' y que enseño a leer el espacio. El espacio nos cuenta muchas cosas de sus usuarios. Creo que no podemos quedarnos con el Feng Shui y sus curas populares, procedan de la escuela que procedan. Ni debemos ser ortodoxos con el Vastu Sastra, por interesante que sea. Ni podemos quedarnos con que ‘las vías de agua subterránea crean cáncer’. Ni debemos conformarnos con cualquier estética. El asunto es mucho más complejo, y desde luego una buena lectura incluye los factores psicológicos que también intervienen en la armonía de un lugar. La propia vida hoy nos pide realizar un gran trabajo de integración, de adaptación y de amplificación de datos.
Hay lecturas más sutiles aún. Veremos que la red magnética de la Tierra está cambiando… conforme cambia nuestra conciencia; por tanto, en todas las casas ‘no’ se muestran iguales las redes del subsuelo, ni alteran de la misma forma. Y debemos analizar eso en cada caso, con coherencia, con la mente y el corazón abiertos. Hay que leerlo y analizarlo profunda y exhaustivamente, porque siempre se olvida la ‘suma’ de ondas de forma y de color que tiene cada estancia, la psicología particular de los habitantes de ‘aquel’ lugar, el empleo coherente e idóneo de cada una de las nueve áreas de Feng Shui, las direcciones cardinales de cada estancia, las tecnopatías o alteraciones que crean todos nuestros imprescindibles aparatos electromagnéticos, las influencias externas, visibles e invisibles, corpóreas e incorpóreas, los materiales que empleamos para construir y un millón de detalles más. La casa realmente es como nuestra segunda piel. Un hábitat, cualquier hábitat, es un complejo Ser Vivo único y peculiar, el corazón del cual eres tú.
En un reciente libro (‘Energía y Arte’) escribí todo un capítulo destinado solamente a uno de esos temas de influencia, llamado ‘la lectura iconográfica de los espacios’. En él di varios ejemplos de cómo puede influir un simple cuadro en nuestra pared (que ya… ni vemos; pero está!). Según sea la simbología general (y parcial) del ‘mensaje’ del cuadro o cartel, se creará una pauta de comportamiento de la misma frecuencia que incidirá en la persona que convive con él. Su fórmula geométrico-cromática-arquetípica (a veces lo llamo la iconografía energética…) es vibratoria, está siempre en sintonía con nuestro campo de energía, dependiendo de la luz que incida sobre esa ‘fórmula estética’, y de la cantidad de tiempo que pasemos cerca de ese cuadro. Un cartel, una figura, un color, una tapicería, puede ser tóxica energéticamente, o no. Incluso puede ser por el contrario ‘curativa’. Las leyes energéticas de la armonía nos piden que afinemos mucho más a la hora de seleccionar algún objeto con el que viviremos durante años. Volveremos a revisar de nuevo este tema en la tercera parte.
El mundo se está revolucionando y debemos saber realizar este cambio con coherencia, madurez y amorosidad; hay que aprender a observar, a interrelacionar, a integrar, a sacar conclusiones coherentes para realmente realizar un trabajo de ayuda evolutiva lo más completo posible, seamos terapeutas o no. Entiendo que cuando hablamos de ‘medicina integrada’, o de integrar varias disciplinas, eso implica estudiar, formarse y aprender el resto de nuestra vida, lo cual a muchos les da una pereza supina. Y acabamos diciendo que no queremos estresarnos y que ya basta de aprender ‘más’ cosas. Pero ahí… nuestro campo de energía se para, se paraliza, se entristece, se contrae.
Por un lado es cierto que nos saturamos, y eso nos ocurre a todos, pero olvidamos lo más importante: no tiene porqué hacerlo todo uno mismo, pues dentro de este marco integral también se integran los ‘especialistas’, aunque es cierto que estos especialistas deben saber su limitación, su frontera, y debemos saber ‘cuándo’ hay de derivar al cliente a otro terapeuta, médico, psicólogo, asesor del hábitat... Ahí está precisamente la clave de la fraternidad, del compartir y del desarrollo completo del cuarto chakra. Ya se terminó el individualismo característico del tercer chakra; al menos ya deberíamos empezar a despedirnos de él, como dice Ken Wilber. Lo único que hay que ‘saber’ realmente es que son múltiples y muy variadas las cosas que intervienen energéticamente en nuestra vida y, sobre todo, saber que muchas son las que pueden alterar nuestro camino perfectivo de desarrollo y nuestro estado de plenitud, por eso es interesante comenzar a leerlas.
La vida hoy parece que nos pide más conciencia, más observación, intuición, flexibilidad y, sobretodo, nos pide barajar muchos datos a la vez, aunque luego sea otra persona la que dé la solución concreta; pero al menos cada uno… ha comprendido. Se ha hecho consciente. Hay que saber leer el hábitat, entre otras cosas, y buscar las soluciones coherentes contando realmente con el colectivo humano, no solamente con nuestro limitado saber individual. Eso es precisamente integrar, incluir, unir, eso es amar.
Por otro lado, el ir aprendiendo e incorporando distintas materias, puede realizarse con paciencia y con placer, con gozo, con alegría, constructivamente, es decir, sin el xip de la limitación, pues la capacidad de nuestro cerebro, de nuestra kundalini y de nuestra alma… son ilimitadas. Nuestra Esencia es una fuerza genuina y divina, infinita e inacabable. Y en eso estamos todos, aprendiendo eso, ampliando la conciencia que tenemos de nosotros mismos, constatando día a día nuestra capacidad de creación, de integración, de ‘inclusión’ dentro de ese famoso holograma unificador que parece que aún no lo vivimos como real.