Entrar en el mundo de las formas y la energía que ellas irradian, requiere una cierta preparación intelectual o conceptual, pues cualquier forma creada está sujeta a las leyes de la geometría, a la matemática de las proporciones y a las leyes de resonancia. Además, es un tema poco conocido y realmente nada popular; la 'geometría sagrada', aunque a alguien le suene de algo, ni siquiera se ha puesto muy de moda aún, como sí lo ha hecho el Feng Shui, por ejemplo. No obstante, la geometría, y sus pautas estructurales armónicas, es una materia que tiene connotaciones muy vanguardistas respecto a su investigación e inclusión en el ámbito de la ciencia.
Como se da la circunstancia de que siempre, desde muy pequeña, me interesó el extraño mundo de la 'forma' existente en la naturaleza, o de la forma creada por el hombre, hoy llevo escritos muchos textos al respecto. Además, la Geometría es la base del trabajo de investigación con el Sistema Geocrom y la Geocromoterapia, y las lecturas que más exploran el tema de la forma son: 'Principios Inteligentes de la Geometría Sagrada', 'Color y Formas, la esencia de la Geocromoterapia', 'Energía y Arte', y mi primer libro 'El Valor de lo Invisible'.
Si queremos introducirnos en el ámbito de salud integral y la medicina cuántica, y también para comprender la importancia de la iconografía de nuestro hogar (cuadros, carteles, esculturas, figuras, símbolos y arquetipos gráficos que llenan nuestro entorno), lo cierto es que se necesita cierta información conceptual sobre el valor y el poder que tienen las formas (regulares o irregulares, angulosas o curvadas, figurativas o abstractas, simétricas o asimétricas…) y la influencia energética que ellas ejercen sobre el ser humano. Para obtener un resumen muy preciso de las bases conceptuales sobre este tema recomiendo leer el artículo: Decálogo del Sistema Geocrom'07
Partimos de la base experimental de que, toda imagen, es un elemento energéticamente activo. Y cualquier imagen (creada o natural) necesariamente contiene unos patrones formales, un cromatismo y una simbología. El hecho de que las formas geométricas, figurativas o abstractas, emitan ondas y campos mórficos que inciden con nuestro campo energético individual, es un terreno de estudio que tan solo ha sido explorado a fondo en la antigüedad principalmente por Pitágoras, Platón y Fibonacci, posteriormente por el pensador y teórico del arte Kandinsky, y tal vez, ya en el campo de la psicología, por Carl Jung y sus trabajos con los arquetipos del inconsciente.
Actualmente, los valores de la geometría, los campos energéticos que ella irradia o desprende, y la incidencia que las formas tienen sobre el comportamiento humano, ha sido explorado y constatado por varios artistas actuales como Pablo Palazuelo, algunos científicos como el británico Rupert Sheldrake y su revolucionaria Teoría de la Resonancia Mórfica, y también por Dan Winter de USA y muchos otros hombres de ciencia, místicos, terapeutas y pensadores vanguardistas, algunos de ellos conocidos en el ámbito de la medicina integral como son Jorge Carvajal, Santiago Rojas, Manuel Arrieta, Drunvalo y muchos otros.
Cada polígono parte de unas líneas, que se interceden mutuamente formando ángulos. Si las líneas son curvas, también se interceden entre ellas y forman perfiles, pero tanto si son rectas como si son curvadas, cuando las líneas se relacionan entre sí, forman superficies proporcionales más o menos armónicas y equilibradas. Cada patrón formal plano, y cada diseño, tiene unas connotaciones formales y estructurales únicas, y toda forma está asociada a un arquetipo, modelo o patrón primordial. Cada ángulo y cada curva crea un campo a su alrededor que se acopla a otros campos mórficos existentes, a otros objetos y a otros entes, y ese acoplamiento de ondas de forma activa una determinada energía e interviene en el comportamiento de todos los entes cercanos.
Esa carga de energía, también la podríamos llamar carga de información, pues transmite y transporta los códigos de las 'funciones' comportamentales de cada ente formal. La visión actual de las influencias sobre la salud son mucho más enmarcables en el mundo de la informática y en el mundo de la física cuántica, que en el mundo de la biología, la química y la fisiología. Cuando comenzamos a ver la carga de 'memorias' y la información de cada célula y de cada campo energético, los paradigmas mecanicistas pierden contundencia y practicidad etiológica, puesto que desde la materia jamás se pueden ver las 'causas' profundas de las alteraciones, porque corresponden a otros planos sutiles.
El estudio sobre el fenómeno de la 'forma' es mucho más antiguo de lo que recientemente hemos conocido gracias a Rupert Sheldrake. De hecho, puede decirse que sus antecesores estudiaron el mismo fenómeno una centuria antes que él, aunque tan solo se aproximaron a la investigación actual. En el año1880, Butler estudió los instintos, los hábitos de los animales y el desarrollo de los embriones, y llegó a la conclusión de que esos comportamientos reflejaban un principio de 'memoria inherente a la vida', por tanto, debía haber también algún mecanismo de 'memoria' en los átomos y moléculas. Hacia el año 1930, Alexander Gurwitsch y Paul Weiss, cuya especialidad de ambos era la embriología, proponían ciertas hipótesis sobre los campos morfológicos, aunque nunca supieron demostrarlas y sus estudios se perdieron como teorías sin relevancia para la biología de aquella época.
Más tarde, en la tercera década del siglo XX, el psicólogo William McDougall (Universidad de Harvard) también realizó un estudio sobre la conducta de ciertos entes. McDougall, basándose en una hipótesis anterior de Jean Lamark, durante varios años quiso desarrollar una teoría de campos morfogénicos y demostrar (mediante el aprendizaje y entrenamiento de ratas de laboratorio) que las conductas adquiridas pueden transmitirse genéticamente. Pero se encontró que, cruzando genéticamente a ratas que no pertenecían a ninguna generación 'entrenada' especialmente, ellas habían aprendido el mismo comportamiento (basado un complejo mecanismo de aprendizaje de circulación dentro de un laberinto y unas luces que se encendían en momentos puntuales del aprendizaje) y además lo aprendieron con mucha rapidez y eficiencia, por tanto, ese proceso de aprendizaje no había sucedido por transmisión genética.
Sus experimentos, repetidos varias veces, causaron un gran escepticismo entre biólogos, zoólogos y psicólogos de la época. Cuando algunos científicos pretendieron demostrar lo contrario, como A. Crew, defendiendo la teoría genética, se encontraron con los mismos resultados, incluso investigando comportamientos y aprendizajes entre leonas de territorios muy distanciados, que no habían tenido ni contacto social ni genético. ¿Por donde se transmitía la información y el aprendizaje? Observemos que el motor de todas esas investigaciones es que, el ADN solamente, por sí mismo, no puede explicar las formas; se necesita algo más para explicar la existencia de esa transmisión estructural.
Fue el británico Rupert Sheldrake quien en las últimas décadas del siglo XX desarrolló y completó mucho más profundamente la teoría de la 'causa de las formas', los campos que éstas generan, y la resonancia entre estos campos mórficos. Rupert Sheldrake, doctor en Ciencias Naturales y Bioquímica de Cambridge, y también doctor en Filosofía y en Psicología de Harvard, y un importante investigador de la Royal Society y del Clare Collage, afirmó que los campos morfogenéticos son los que gobiernan 1/ la estructura de los organismos vivos, y 2/ su conducta. El científico afirma que los hábitos del pasado y la conducta que cualquier especie 'se acumulan'. Mediante un proceso que llamó de Resonancia Mórfica, ese aprendizaje afecta la conducta y los hábitos de las demás especies. Desarrolló durante años la Hipótesis de Causación Formativa, y demostró la teoría de la Resonancia Mórfica, y ese gran trabajo amplificó enormemente nuestra comprensión de la 'realidad'.
Veamos un ejemplo muy didáctico. Existe una gran diferencia entre 'fabricar ladrillos' (materia, biología…) y 'construir una casa' con esos ladrillos (dar estructura y función a esa materia…). Necesitamos los ladrillos para construir la casa (nuestra salud). Y desde luego… si tenemos ladrillos defectuosos, nuestra casa será defectuosa, como nuestra salud lo estaría sin buenos alimentos o sin una bioquímica equilibrada. Sin embargo, el plano de la casa no está contenido en los ladrillos; necesitamos el plano del lugar, la funcionalidad del proyecto, la información de la utilización de cada estancia, de cada biga, el cálculo estructural para que no se caiga el edificio, necesitamos saber 'la función exacta' que realiza cada material y cada estancia. El plano es la 'geometría', el mapa, el arquetipo funcional, el modelo de cómo queremos que sea algo.
Algunas veces Sheldrake, en sus trabajos cita a Platón cuando preguntaba a sus discípulos '¿todos los gatos son iguales?'. La respuesta es 'no', pues pueden ser de una raza o de otra, de un color o de otro, etc. pero existe una 'arquetipo gato', que todo el mundo reconoce. Platón decía que, a pesar de las diferencias, existe algo que todos los gatos tienen en común, algo que hace que nunca dudemos a la hora de distinguir un gato de cualquier otro animal, como un 'molde de gato', el Arquetipo Gato. El concepto de arquetipo, como decía C.Jung, está más allá del espacio y del tiempo, por tanto no es posible analizarlo ni asociarlo a la forma física, ni a la genética. También Sheldrake en sus primeras obras citaba a Aristóteles cuando sostenía que 'el cuerpo está en el alma, no el alma en el cuerpo. El alma es la forma del cuerpo, está alrededor del cuerpo y contiene el objetivo de desarrollarse'.
Sheldrake, en el desarrollo de su teoría, expresa con claridad que existen unos 'campos de fuerza' que proceden de la estructura formal y funcional de cada cosa, de un patrón, molde, o arquetipo de cada comportamiento celular, y de cada comportamiento psicológico o social. Esa es una teoría completamente revolucionaria. Hasta aquel momento, todo modelo de comportamiento se basaba en la física newtoniana y en la teoría mecanicista sobre la realidad. Que exista una nueva transmisión de información, no basada en la física conocida, es todo un item que cambia mucho las cosas. Rupert Sheldrake no niega en absoluto la herencia genética basada en el ADN, pues éste es el que permite construir los bloques químicos; pero los hábitos, la conducta y todas las formas biológicas existentes, se generan, son influidas y retransmitidas por la resonancia mórfica.
Por un lado, de la aportación de Sheldrake, a simple vista, podría deducirse que 'no todo es energía procedente del campo electromagnético, ni todo se puede explicar desde la mecánica cuántica'. Existe otro modelo energético distinto, y paralelo o simultáneo al del electromagnetismo, que es un modelo de estructuración y ordenación funcional según los patrones mórficos. Además, deducimos que en la atmósfera que respiramos existe también una 'información', además de materia.
Existe un campo unificado lleno de códigos que se trasladan de un lado a otro, un campo resonante de funciones y comportamientos… al que nosotros naturalmente también estamos expuestos. Somos sensibles a estas energías, aunque tal vez ahora ya no deberíamos llamarlas así, sino sencillamente 'información', codificación u ordenación de la energía. El físico David Bohm, en sus excelentes obras sobre 'orden implicado, sostiene que la observación de las partículas subatómicas indica que existe un nuevo concepto del orden, un concepto holístico en el cual el universo ya no debe ser entendido solo como un cúmulo de materia sino como un holograma multidimensional, donde cada bit de información inter-penetra a todas las áreas existentes. Lo que pretende informarnos David Bohm es que el universo es un gigantesco holograma multidimensional, similar a un orden holográfico en donde el tiempo y el espacio ya no serían considerados fundamentales.
Éste mundo de 'información', que subyacente al universo material (orden explicado) es lo que D. Bohm denominó como Orden Implicado. En síntesis, si unificamos las dos versiones de estos dos grandes pensadores actuales, puede decirse que hay una fuerza de ordenación, unos campos estructurales y unas proporciones armónicas de cada objeto, que determinan ciertos comportamientos en los entes con quien se relaciona esta fuerza estructural. Si ésta es armónica y coherente, por resonancia también lo serán nuestros procesos de desarrollo, pues la información conductual que contienen los campos mórficos, resuena y se acopla de forma natural a nuestras vidas y nuestros seres.
Que hoy en día a las radiaciones de esos campos estructurales se le llamen 'ondas de forma', o bien 'ondas geometrodinámicas', no es lo importante. Además, estas denominaciones, con el tiempo y el desarrollo de las investigaciones, posiblemente cambiarán. Lo único que ahora nos interesa para entrar en el mundo 'formal' que nos rodea en nuestro hábitat, es saber que cada forma a nuestro lado emite cierta radiación y genera un campo, que contiene o conlleva una carga de información y que puede modificar el comportamiento de nuestras células, y modificar nuestros procesos o reacciones emocionales, ya sean conscientes o inconscientes. Por tanto, esas informaciones mórficas… forman parte de nuestros procesos cotidianos de salud y de plenitud.
Todos los cambios cualitativos proceden de la forma, no de la sustancia o de la materia. El motor de la realidad está en la geometría y en la energía que ella genera, no en el resultado final de esas fuerzas; la materia es tan solo la consecuencia de algo anterior, algo que posee unas leyes armónicas y matemáticas que se definen en el tiempo y en el espacio como estructuras funcionales. Todo lo que en nuestro hogar podemos 'ver', todo lo que posee una forma y un color, contiene una fuerza inherente que irradia, resuena y convive con nuestro ser.